Desde el momento en que irrumpió en su tienda de antigüedades en Roma, Lavinia Lake supo que aquel extraño sólo traería problemas. Dijo que perseguía a un asesino. Juro que sólo intentaba salvarla. Sin embargo, Lavinia estaba convencida de que la intención del señor Tobías March no era otra que destruirla. Cuando consiguió empujarlas, a ella y a su sobrina, a abandonar la tienda y regresar a Inglaterra. Lavinia decidió que algún día el señor March se lo pagaría.
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Desde el momento en que irrumpió en su tienda de antigüedades en Roma, Lavinia Lake supo que aquel extraño sólo traería problemas. Dijo que perseguía a un asesino. Juro que sólo intentaba salvarla. Sin embargo, Lavinia estaba convencida de que la intención del señor Tobías March no era otra que destruirla. Cuando consiguió empujarlas, a ella y a su sobrina, a abandonar la tienda y regresar a Inglaterra. Lavinia decidió que algún día el señor March se lo pagaría.